
A veces me llegan ecos del pasado.
Se presentan en forma de una frase, un gesto, una similitud entre dos personas.
Como un reflejo en el espejo de la vida.
Es como cuando recuerdas a aquel chico que te decía: “¿Me enseñas a bailar?”.
Y meses más tarde, en otra ciudad, otro tiempo, otra persona pronuncia la misma frase, creando carámbanos de hielo en tu corazón dolorido.
Contigo, fue bonito mientras duró, pero la cobardía de tu inseguridad, hicieron trizas nuestro amor. Como una bola de nieve aplastada en las manos de un niño.
Ahora, mi alma, mi vida y mi corazón pertenecen a otra persona.
Pero a veces, me recuerda tanto a ti, que pienso seriamente si no busqué entre la gente, un gemelo de tus virtudes y defectos.
Ahora no sé que pensar.
Me gustaría creer que todo son coincidencias, que es KA, y que no debo darle más vueltas a este asunto.
Ya es hora de enterrarlo en el rincón más oscuro y recóndito de mi memoria, y continuar el camino de mi vida.
Aún así, algunas veces, el pasado me devuelve ecos que me recuerdan a tí...
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