¡Menuda nochecita la de ayer!
Parecía que había llegado ya el Fin del Mundo.
La tarde comenzó lluviosa, pero asi como iban transcurriendo las horas, la cosa fue empeorando.
Hacia las nueve y media, un fuerte viento hacía compañía a los intensos chaparrones, que descargaban sin descanso sobre mi ciudad.
Llegué a casa de Martín hecha una sopa, destilando mala leche por todos mis poros, y murmurando maldiciones a tutiplén.
Cenamos, charlamos un rato, y nos pusimos a ver una peli.
La lluvia seguía ahi, machacona hasta hartar, y el viento golpeaba con furia las ventanas, hasta el extremo de asustarnos.
Hacia las dos, intenté irme a casa, pero ante el panorama que reinaba en la calle, decidí no arriesgarnme, y quedarme a dormir alli.
No fue por mojarme por lo que lo hice, sino por el riesgo a que me cayera una tabla de los andamios que abundan en la calle, o quien sabe que.
Me pasé un buen rato maldiciendo, temiendo por la integridad de mi casa, y sobre todo, por lo mal que lo debía estar pasando Tut.
Solito en casa, sin saber que pasaba fuera, que era ese ruido atronador que sacudía todo, y encima, sin las caricias tranquilizaroras de su mami.
Intenté dormir, pero las ráfagas de viento aumentaron por minutos, impidiéndome descansar.
Oía, a traves de las ventanas cerradas, caer cosas en la calle, y cuando me atrevía a asomarme, me encontré un panorama verdaderamente desolador.
Los cristales de la cabina telefónica de enfrente habían reventado, los contenedores estaban caidos por el suelo, y uno de ellos, empotrado contra un arbol.
Los toldos de las tiendas parecían a punto de echar a volar, y las farolas querer depsrenderse de sus soportes.
Las luces fallaban a ratos, y el mar, picado como si fuera una puntilla, estaba tan negro que asustaba.
Martín tampoco podía dormir, y regresó al salón.
Los vecinos del piso tercero llamaron a la puerta, diciendo que se les había desprendido un trozo de tejado, y que temían el derrumbe de su piso.
El nerviosismo crecía siguiendo el ritmo del viento, y ni siquiera el ver una pelicula, para pasar el rato, nos quitaba el mal rollo del cuerpo.
Al final, logramos dormitar unas horas, mientras la tormenta amainaba poco a poco.
Esta mañana, las patrullas de limpieza se hacían cargo de los daños en las calles.
La gente parecía mas malhumorada que de costumbre, y estoy segura de que, esta noche apocalíptica, no se borrará de las memorias de quienes las padecimos, en muchos, muchos años...
Joder!!! Que mal rollo me estaba entrando según te leía!!
ResponderEliminarLa verdad es que esto de los temporales, el viento y demás es una cosa jodida. Aún no sales de uno cuando te metes en otro, y cuando no es la nieve son las heladas, y si no el viento o las inundaciones...en fin...
A ver si pasa ya y salimos indemnes. ;)
Un abrazo!
Gracias por tus ánimos, Diego!
ResponderEliminarSi, la verdad es que se pasa muy mal, y la angustia de no saber si mi gatito estaba bien ha sido una tortura terrible.
Cuando llegué esta mañana a casa estaba muy asustado, pero no le ha pasado nada, por suerte...
Y a mi casa tampoco, que temía por las ventanas... :S
A ver si se termina ya este tiempo tan raro, y viene un invierno como los que todos recordamos: normales ;)